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Vamos a jugar al infierno (Jigoku de nazewarui)

Cine, Las Reseñas 22 Abr 14 0

A los japoneses se les reconoce entre muchas otras cosas por su humor crudo y su habilidad de reírse de si mismos. Conjugan la comedia con todos los géneros a su alcance, desde el drama hasta el terror. Shion Sono invade está vez el popular genero Yacuza cuyo parecido más cercano en occidente es el de los gánsters. En general su aproximación se da de manera fársica y excesiva en todo aspecto; está cuestión podría volverla tan poco recomendable como una comedia barata si no fuera por todos los elementos qué la vuelven por el contrario un tremendo espectáculo visceral.

Vamos a jugar al infierno gira en torno a dos situaciones principales que terminan conjugándose en un baño de sangre. La primera es la de un grupo de jóvenes que anhelan crear una asombrosa película de acción japonesa. La segunda trata de las tensiones entre dos grupos Yakuza y las implicaciones sentimentales. A primera vista parecieran temas poco afines y que requieren de espacios distintos pero Sono logra magistralmente hacerlas vibrar a un mismo ritmo e intensidad desenfrenados. Aparea la inocencia y la agresión mediante secuencias tan desbordantes que difícilmente se logran distinguir entre si.

Cada personaje goza de una simpleza que sin importar lo pequeño del rol, su estructura novelística permite explorar extensamente el trabajo de dirección de los actores. En este tipo de filmes las actuaciones son muy interesantes y graciosas, exorbitantes y cotidianas. La intensísima expresividad que para algunos podría ser considerada como sobreactuacion, en este caso es uno de los principales elementos qué hacen del resultado, un deleite.

Estallaran tus sentidos en cada escena. La película está construida de tal forma que se sobreestimule al espectador. La música, la escenografía, la utilería, los efectos especiales, la animación, los extras, la iluminación, los actores y el texto convergen abrumadoramente para crear y destruir perfectas y diversas atmosferas. El timing es impecable y en extremo hilarante. No se tiene tiempo de sentir repulsión de la incalculable cantidad de sangre derramada a lo largo de la película. Incluso en las escenas en las que no se derrama, aparece materializada en elementos de un rojo vivo. Esta cinta de acción tierna y despiadada te robara el aliento.

Por Christopher Navarro